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HISTORIAS DE LA MEMORIA: CUATRO OBRAS PARA NO OLVIDAR

por Tomaás Ordoñez y Martina Zurita

Desenfoque recomienda cuatro obras que iluminan las sombras del pasado y nos ayudan a entendernos mejor, a conocernos, a narrarnos.


Cultura y Sociedad - Por Tomas Ordoñez y Martina Zurita
24 de marzo del 2025

Este 24 de marzo, como cada año, es feriado en la Argentina. No hay escuela, los negocios permanecen con sus persianas bajas y no se observan oficinistas de traje caminando por las calles del microcentro. Este 24 de marzo, como cada año, dormimos un poquito más. Pero, recién llegando al mediodía, muchos comenzamos a alistarnos para la jornada vespertina. Preparamos nuestras riñoneras, nos reunimos con un amigo y, de alguna u otra manera, llegamos a Plaza de Mayo. Este 24 de marzo, como cada año, somos parte de una gran comunión de ciudadanos que, junto a los movimientos de derechos humanos, cultivan la vitalidad de la memoria colectiva.

Particularmente, en ciclos políticos como el que ahora acecha en la Argentina, la jornada del 24M nos sirve de resguardo, de contención; nos recuerda, una vez más, que somos mayoría quienes con uñas y dientes defendemos los ideales de memoria, verdad y justicia, y rechazamos con absoluta firmeza el intento libertario de relegitimar la dictadura.  

Sin embargo, la memoria no solo se resguarda en las calles y plazas, sino también en palabras, imágenes y relatos que atraviesan generaciones: relatos de quienes sobrevivieron, de quienes resistieron y de quienes aún buscan respuestas. En la jornada de hoy, Desenfoque recomienda cuatro obras fundamentales que dialogan con una de las eras más macabras de la historia reciente del país.

La llamada - Leila Guerreiro (Anagrama) 

Leila no es historiadora, pero sí periodista y la cronista con la mejor pluma que se ha visto en el género en los últimos años. A inicios del año anterior conoce la luz “La llamada”, su ahora anteúltima publicación. En palabras de la escritora, aquel no es un libro sobre la violencia política de los 70 - ya existen muchos sobre el asunto - más bien, este libro es el retrato de una mujer; un intento. 

Leila pasó casi dos años entrevistando a Silvia Labayru, ex detenida en la ESMA y obligada a parir bajo cautiverio. En las casi 500 páginas de este extenso perfil, Leila narra, como ninguna podría, la vida de esta sobreviviente y, al hacerlo, explora ciertas zonas grises todavía inexploradas, particularmente la cuestión de los sobrevivientes. 

“Los que están muertos eran todos héroes; los que están vivos es porque colaboraron” exclamó una alta dirigente, ya fallecida, de Madres de Plaza de Mayo. El relato de Labayru contradice estos supuestos e invita a reflexionar sobre el menospreciado lugar que la historia les ha asignado a los supervivientes.

Putas y guerrilleras - Miriam Lewin y Olga Wornat (Planeta) 

“Creían que éramos promiscuas, que no teníamos apego alguno por nuestra familia y lo primero que nos gritaban mientras nos secuestraban eran ¡Putas y guerrilleras!”, relata Lewin en una entrevista radial.  

Este libro, coescrito por Olga Wornat y Miriam Lewin, expone el abanico de matices de violencia sexual que sufrieron cientos de mujeres en los campos de concentración durante la ultima dictadura militar. Desde ser obligadas a desnudarse momentos después de ser capturadas hasta ser convertidas en esclavas sexuales durante el cautiverio. Un libro voluminoso, complejo y crudo, pero sumamente necesario.

El beso de la mujer araña - Manuel Puig (Planeta) 

Molina y Valentín. Dos hombres muy distintos sufren la injusticia de un mismo orden de represión. En la cárcel deben compartir celda y, encerrados, el tiempo parece estancado, abunda, pero también inspira resistencia. Al vacío Molina lo llena de cuentos, de historias, de relatos de cortometrajes que ha visto y Valentín, rígido, escucha. 

A medida que avanza la novela, los compañeros de encierro comienzan a conocerse, a entenderse y a comprender que es más aquello que los une que el abismo invisible que los divide. 

En El beso de la mujer araña, Manuel Puig, fuente de inspiración para generaciones venideras de autores queer, apuesta a construir un relato de ficción que ilumina la interseccionalidad de la opresión, cuyas sombras se extienden más allá de la última dictadura militar y aún tiñen nuestro presente. 

Aún estoy aquí (Ainda estou aqui) – Walter Salles - Brasil 

Hay familias que no tienen dónde hacer el duelo. Que viven con la puerta entreabierta, como si en cualquier momento el ausente fuera a volver. Ainda estou aqui, reciente ganadora del Oscar a Mejor Película Internacional en la edición 2025, se mete con ese silencio espeso que genera una desaparición forzada: la de Rubens Paiva, exdiputado brasileño secuestrado, torturado y asesinado por la dictadura en 1971. Pero lo hace con una delicadeza feroz: sin golpes bajos, pero enfocando en aquellos lugares donde duele más — en lo cotidiano que se rompe para siempre.

A Paiva se lo llevaron con la excusa de hacerle unas preguntas. Nunca volvió. Durante más de cuarenta años, el Estado negó su participación en el hecho. Fue Eunice, su esposa, quien sostuvo la memoria de pie. La que golpeó puertas, armó expedientes, resistió el olvido. Gracias a su lucha, el gobierno brasileño terminó reconociendo el crimen. Basada en las memorias de su hijo, Marcelo Rubens Paiva, Ainda estou aqui no se limita a contar una historia individual: expone las costuras de un país que todavía no sabe muy bien cómo narrar su propio pasado.  

Como cada 24 de marzo, mirar hacia adentro también implica mirar hacia el costado. Porque las dictaduras latinoamericanas no fueron procesos aislados. Fueron un engranaje compartido, una maquinaria coordinada de terror. Este film nos recuerda que el dolor tiene acento regional y que, como los lazos entre pueblos, la memoria no reconoce fronteras. 


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