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CUANDO LA INDIGNACIÓN ES SELECTIVA: ESPECISMO Y DESREGULACIÓN

 

por Tomás Ordoñez

Mientras el Gobierno impulsa la exportación de ganado en pie, las contradicciones en torno al maltrato animal se vuelven cada vez más evidentes. ¿Por qué algunas formas de violencia nos indignan y otras pasan desapercibidas? 


Opinión - Por  Tomás Ordoñez
18 de marzo de 2025

Tan solo imaginen, un viaje que dura días, tal vez semanas. Barcos inmensos que transportan cuerpos. Compartimentos pequeños que contrastan con el tamaño de las criaturas que transitoriamente los habitan. El movimiento pendular de la marea acarrea a los animales de un lado al otro y tendidos en el suelo gritan, mugen - se hacen oír. Muchos se enferman, y en conjunto con los que mueren en el camino, son arrojados, todavía con vida, a la infinitud del océano. Los que sobreviven a la tortura llegan al puerto. Pero su alivio es momentáneo. Al tiempo pasarán a recogerlos y aquellos cuerpos resilientes serán acomodados en un largo camión que los conducirá de camino al matadero.

La semana anterior, la secretaria de Agricultura, Ganaderia y Pesca eliminó la prohibición de exportar ganado vacuno en pie con destino a faena. A partir de ahora, los productores argentinos estarán habilitados, tras hacer algunos cortos trámites de forma online y obtener la habilitación del SENASA, a vender sus vacas al extranjero, para que estas, una vez llegadas a destino, se conviertan en flamante alimento. De pronto, se abre una nueva y jugosa boca de de expendio que alimentará con frescos dólares al sector ganadero nacional.

A contramano, meses atrás, la cámara baja discutió un proyecto de ley vulgarmente titulado “Ley Conan”. Buscando endurecer la penas contra el maltrato y la crueldad animal la ley resonó positivamente en la opinion publica y hasta Javier Milei se mostro partidario en la red social X. “... esperemos que la LEY CONAN se haga realidad…” escribió el presidente de la nación. No obstante, al igual que sus tan publicitados hijos de cuatro patas, su preocupación por los animales parece realmente no existir.

¿Cómo celebrar una ley que endurece las penas por maltrato animal y que promueve la reflexión en las escuelas sobre el respeto a los animales, mientras se permite la exportación de ganado en pie y se incentiva el crecimiento del complejo ganadero? ¿Es Javier Milei el único envuelto en estas contradicciones? Pues claro que no.

En el imaginario colectivo, los animales ocupan un lugar relegado. Dentro de la marginalidad en la que se los ha ubicado, las diferentes especies se hallan jerarquizadas ya que su valía se encuentra distribuida de manera desigual. No es lo mismo el trato que recibe un perro que aquel recibido por un cerdo. Distinto es el cariño y devoción que recibe un gato, que aquel depositado en una gallina. Nunca se asemeja el respeto e ímpetu de protección que sienten los grupos ecologistas por los animales en peligro de extinción con el que sienten por aquellos que viven hacinados en granjas industriales.  

Nacer animal es nacer bajo sujeción. Pero la suerte no está echada. Nacer animal puede significar que la existencia se reduzca a ser una compañía humana, como los perros; mercancía para luego convertirse en alimento o vestimenta; o incluso simplemente un entretenimiento, como los pingüinos y las orcas encerradas en los parques acuáticos de la costa atlántica bonaerense.

Bajo el sistema en el que vivimos - el cual los estudios críticos animales han adjetivado como especista - las relaciones de sujeción que los humanos establecen con los animales no solo se encuentran normalizadas, sino que se justifican a través de la postulación de una supuesta superioridad humana. Pocos se atreven a disputar el régimen, y muchos de ellos ni siquiera son conscientes de estar insertos en entramados de poder que los sitúa a ellos mismos como silenciosos opresores frente a la subyugación del animal. ¿Cómo es esto posible? 

La socióloga Melanie Joy introduce el término "anestesia emocional" para describir el proceso psicológico mediante el cual las personas se desconectan mental y afectivamente de sus propias experiencias. Así, los humanos experimentan un camino que va desde la empatía, la solidaridad y el cuidado a la apatía, indiferencia y desconexión. En otras palabras, el sistema especista ejerce una pedagogía constante que fundamentalmente enseña a no sentir compasión alguna por el animal.

Ahora bien, por momentos la crueldad del complejo especista aturde tanto, que resulta imposible desoír. Buen ejemplo es el presentado anteriormente: la habilitación de exportación de ganado en pie con destino a Faena. Mientras muchos desprecian la medida alegando que esta haría subir el precio de la carne local, otros - me animo a afirmar, muchos - la desprecian haciendo foco en el calvario que representa para los animales los largos viajes en navíos. Probablemente existirán, entre los pertenecientes a este último grupo, algunos que coman carne, se vistan con cuero y/o hayan comprado a su mascota. Aun así, el maltrato es tan manifiesto que se resisten a la medida. 

Quizá políticas como estas, que vislumbran situaciones que incomodan, logran, por lo menos en alguna medida, invitar a pensar con mayor claridad sobre lo que se esconde por debajo de muchos de nuestros hábitos. Tal vez, aquellas reflexiones ayuden a dejar de aceptar tan pasivamente la explotación y matanza animal para entonces comenzar a rechazarla. Es cuestión de pasar de la indignación selectiva y el rechazo a algunos tipos de maltratos a la impugnación del sistema especista en su totalidad.

En tiempos donde el individualismo y la desafección hacia los ideales de comunidad son respaldados desde el gobierno, es de vital importancia, en el afán de construir un mundo más justo, que la apuesta antiespecista por la liberación animal apunte a reactivar la escasa empatía que existe hoy en día hacia los animales y otros grupos humanos oprimidos. Se trata, en breves palabras, de mirar al otro como un igual; porque ese otro, alguna vez, puedo ser yo.

Tomas Ordoñez es estudiante avanzado de Ciencia Política (UBA) y militante antiespecista. Le interesa la filosofía política, la teoría critica y la literatura. Trabaja de docente y cuando puede, lee.


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